En México, el desperdicio de alimentos alcanza el 34.7 por
ciento, alertó el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural Sustentable y la
Soberanía Alimentaria (Cedrssa), de la Cámara de Diputados.
Durante la reunión ‘Programa de Acuerdos Voluntarios para la
Reducción de Pérdidas de Desperdicios de Alimentos en Sectores Clave’, se
abordó el impacto económico, social y ambiental, así como el desgaste de agua y
suelo por los alimentos desechados.
En 2012, la Semarnat informó que el 52.4 por ciento de los
residuos sólidos en México son de comida, de jardines y materiales orgánicos
similares.
Desde entonces realizaron un proyecto nacional de gestión
integral de residuos sólidos; un estudio y un taller internacional de Pérdida
de Alimentos (PdA) del Banco Mundial; estudios de la FAO; un proyecto de
medición y mitigación de la PdA por parte de la Comisión de Cooperación
Ambiental en América del Norte, y una plataforma virtual “al rescate” para el
sector hotelero con el Bank of America / Merril Linch.
José Gildardo López, director general del Cedrssa, urgió
acciones para que en lugar de desecharse, los desperdicios contribuyan a la
alimentación, pues el problema alcanza al 2.5 por ciento del Producto Interno
Bruto (PIB).
Un estudio sobre el desperdicio de 79 alimentos de la
primera parte de la cadena alimenticia arrojó que se desperdician 24.4 millones
de toneladas, lo que representa un 34.5 por ciento de la producción anual de
alimentos.
Más preocupante es que los desechos cuestan 36.9 millones de
emisiones de CO2e y representan 39.8 millones de litros de agua desperdiciados.
Por ejemplo, por cada 15 mil 500 kilogramos de carne de res,
se desperdician 552 mil 382 toneladas, lo que representa 8 mil 561 millones 923
mil 346 litros de agua.
Del consumo anual de tortilla, 9 millones 956 mil 056
toneladas, se desperdician más de 2 millones de toneladas, un 28.70 por ciento.
El desperdicio de la leche asciende al 43.12 por ciento de
10 millones 645 mil 152 toneladas de consumo anual.
El investigador del Cedrssa, Jorge Arturo Morton, se
pronunció por establecer una política de Estado en la que la ciudadanía se
sensibilice sobre el costo del desperdicio de alimentos en los sectores social,
económico y ambiental.










