En esta localidad enclavada en una zona selvática, 300
indígenas zoques y tzotziles demandaron la presencia de personal de la Marina
para intervenir a un grupo que llegó a bañarse al Ojo de Agua, pero al que
acusaron de secuestro por un malentendido.
Desde temprana hora, los pobladores dijeron haber rescatado
a un niño que supuestamente había sido secuestrado por el grupo que se movía en
dos vehículos: un Mazda de color rojo y un Volkswagen Gol blanco, que
terminaron ponchados.
El grupo era liderado por un “chamán” identificado como
Renato Cruz, quien iba con su primo Edgar, un trabajador petrolero, y Alberto,
un taxista originario de Tabasco. Iban a un rito de sanación y además estaban
acompañados de otro petrolero, una joven estudiante de Comunicación, un niño de
2 años y otro de 10 años.
Mientras que estas personas aseguraban que sólo habían
acudido al lugar para hacer un ritual y pedir por su salud, los pobladores
iracundos aseguraban que habían tratado de secuestrar a un menor y que este fue
rescatado a manos de ellos cuando intentaban llevárselo.
Esto, según alcanzó a narrar el taxista antes del fatal
desenlace, fue una confusión. Alberto explicó que a él lo habían contratado
para ir a Las Choapas así que invitó a su novia, Estephani Vidal.
El domingo llegaron a Las Choapas y fueron a esta comunidad,
pero Renato “contrató” como guía a un niño para que le indicara el camino hasta
el Ojo de Agua.
El problema fue que el menor se fue sin permiso. Así que al
caer la noche, la mamá del niño se preocupó, dio aviso a las autoridades
ejidales y comenzaron la búsqueda.
Por la mañana del lunes los pobladores se toparon con los
coches que iban a dejar al niño, pero no les creyeron a pesar de que el menor
comentó que había recibido comida y que se fue por su propia voluntad, así que
los tomaron por secuestradores.
Los visitantes fueron encerrados en la cárcel de la
localidad rural. Poco después del mediodía llegó personal de la Fiscalía
General del Estado (FGE) así como de la Policía Estatal para tratar de dialogar
con la turba, pero no pudieron convencerlos de que les entregaran a las
personas que ya estaban amarradas a columnas de concreto y vendadas de los ojos
con trapos.
La situación se mantuvo tensa porque la comunidad exigía la
llegada de las Fuerzas Federales, ya que no confiaban en las autoridades
estatales para entregar a los detenidos, a pesar de que estas insistieron en
formar una comitiva que los acompañara hasta la Fiscalía en Las Choapas.
No obstante, poco antes de las 6 de la tarde arribó un grupo
de personas fuertemente armadas que se identificaron como autodefensas.
Amenazaron a los reporteros que se encontraban en el lugar para que no
grabaran, mientras que los pobladores se apuraron a resguardarse como pudieron.
Hasta los mismos policías se replegaron mientras que más de
120 hombres armados con fusiles de asalto y pistolas llegaba a la plaza. En
total dispararon siete veces y de esta forma fueron asesinados Renato Cruz Mil,
Edgar Gabriel Ramos López y Alberto Bocanegra. Posteriormente el grupo de
autodefensas se retiró.
El argumento de la comunidad para no haber entregado antes a
estas personas fue que no llegaron las Fuerzas Federales, mientras que los
menores sí fueron entregados a la Policía antes de la ejecución.
En el lugar incluso estuvo presente el Fiscal Regional,
Uriel Moreno Mendoza, además de autoridades municipales de Las Choapas, pero
fracasaron en la negociación con estos pobladores para poder trasladar a los
intervenidos ante la Fiscalía y evitar que los lincharan.
La zona rural de Las Choapas ha destacado en los últimos
años por ejercer la justicia por su propia mano. En este municipio se han
gestado grupos de ganaderos armados que no se identifican como “autodefensas”,
aunque portan armas cortas y largas e incluso han actuado frente a casos de
secuestro de sus integrantes.










