Mexicanos esperanzados llevan sus peticiones hasta AMLO

Jul 17, 2018 | Internacional

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Cada mañana, cientos de personas se aglutinan en la entrada
de una casa blanca de dos pisos que ha servido como casa de campaña del
presidente electo de México: Andrés Manuel López Obrador.

Llevan notas escritas a mano, registros médicos, papeles de
jubilación y otros documentos con la esperanza de que López Obrador los
escuche. Mientras algunos apelan a su promesa de aumentar las pensiones para
adultos mayores, otros le expresan preocupaciones que normalmente no recaerían
en un jefe de Estado, como sacar a un ser querido de la cárcel, garantizarse un
espacio en una universidad o encontrar trabajo.

«Él nos comenta que nos va ayudar y que todo va a
cambiar», dice Jazmín López Peralta, una enfermera de 45 años que no ha
tenido un trabajo estable desde 2016 debido a que el hospital donde trabajaba
no podía pagarle. «Por eso nos acercamos».

López Obrador se ha
presentado como un luchador en favor de los pobres y ha criticado lo que él
llama la «mafia del poder». De acuerdo a esto, la élite gobernante
mexicana protege sus propios intereses a expensas de los más necesitados.

La escena diaria frente a sus oficinas en un barrio central
de Ciudad de México no sólo refleja un profundo colapso en la capacidad de
todos los niveles de gobierno para resolver los problemas de las personas, sino
también las expectativas de que el futuro presidente logre transformar millones
de vidas tras años de decepción.

José Antonio Crespo, un analista político del Centro de
Investigación y Docencia Económicas (CIDE), atribuyó el fenómeno en parte a la
cultura del «caudillo providencial» –que se refiere a que alguien
todo poderoso te resuelva los problemas–, a las promesas populistas y a la
imagen de hombre común que proyecta.

«Las expectativas que ha generado López Obrador en
términos de solucionar a fondo la gran cantidad de problemas que tenemos han
sido más creídas que en otras ocasiones», dijo Crespo. «Los
presidentes siempre prometen resolver los problemas, ofrecen casi siempre una
especie de utopía. La de López Obrador es mayor, incluso a la utopía, resolver
a fondo la corrupción, resolver la violencia que nos atosiga desde hace 12
años».

Durante su campaña, las propuestas de AMLO sobre el modo en
que pretende gobernar fueron poco claras y desde las elecciones del 1 de julio
sigue sin haber detalles concretos. Por lo pronto ha dicho que recortaría su
salario y ganaría una cifra equivalente a 40% de lo que cobra el actual
mandatario, Enrique Peña Nieto, y antes propuso aumentar las pensiones y crear
un sistema de aprendizaje remunerado para jóvenes desfavorecidos.

Otra de sus promesas ha sido disminuir las crecientes tasas
de homicidios en el país plagado de cárteles a través de una vaga propuesta de
otorgar amnistías a algunos delincuentes no violentos, especialmente a los que
están acusados de delitos relacionados con las drogas.

Eso llevó a Hermenegilda Mercado Yáñez a la oficina de AMLO
recientemente. Según esta ama de casa de 69 años, su hijo fue encarcelado
porque lo acusaron falsamente de estrangular a su esposa.

«A ver si él me ayuda a que dejen libre a mi hijo que
es inocente… Él dijo que iba a dar amnistía», dijo la mujer.

Incluso después de las elecciones, López Obrador ha
mantenido su característico estilo modesto, transportándose en un sedán blanco
con las ventanas abajo y sin guardaespaldas. Además, la única seguridad en sus
oficinas es una simple valla blanca coronada con alambre electrificado y una
rotación de dos guardias aparentemente desarmados.

Esa imagen de accesibilidad ha llevado a miles a hacer una
especie de peregrinación para acercarse a él.

Teodoro Pérez Cruz, de 72 años y parcialmente ciego, dijo
que caminó desde la delegación de Iztapalapa, a unos 24 kilómetros de
distancia, para pedir un lugar dónde vivir.

La mayoría de los mexicanos que quieren pedirle un favor
dicen haber tenido la esperanza de estar en la misma habitación que el
presidente electo, estrechar su mano y mirarlo a los ojos. Sin embargo, suelen
ser recibidos por Leticia Ramírez Amaya –miembro MORENA– a quien se le ha
encomendado la tarea de atender a los que están en las puertas.

Mientras esperan en fila, los interesados reciben un formato
para anotar su nombre, edad, domicilio y otros datos. Uno por uno, Ramírez
llama a los seguidores de AMLO para escucharlos junto con otros miembros del
personal. Según explica, la mayoría de las solicitudes están relacionadas con
temas de salud.

El sábado pasado, una mujer lloraba y se aferraba a las
rejas de la entrada de la oficina de López Obrador mientras él estaba en una
conferencia. La mexicana rogaba que le ayudara a pagar una cirugía para su
mamá.

«Ahorita te atendemos», prometió López Obrador, lo
que provocó la ovación de los que se encontraban ahí.

Ramírez le recuerda a la gente que AMLO no asumirá el cargo
sino hasta el 1 de diciembre y que hasta entonces tendrá el poder de solucionar
algunos problemas.

«No hacemos promesas para nada», aseguró.
«Les hablamos con la verdad de lo que sí se puede y no».

Después de que López Obrador, quien fue elegido con más del
50% de los votos, sea designado oficialmente como presidente electo, tendrá
acceso a una oficina permanente para la transición, así como a personal pagado.
Una vez en el cargo, planea trabajar en el centro de la ciudad, en el Palacio
Nacional, y continuar viviendo en la modesta casa que hoy habita, evitando el
complejo de Los Pinos, donde los presidentes tradicionalmente se instalan.

Irma Moreno, de 56 años, se despertó a las 4 am para viajar
desde San Salvador Atenco, a las afueras de la capital, y ser la primera en la
fila hace unos días. Estuvo acompañada por otros activistas que se oponen a la
construcción de un nuevo aeropuerto en la Ciudad de México que López Obrador
dijo hace tiempo que cancelaría pero ahora dice que revisará. Según esta mujer,
ninguno de los rivales de AMLO escucharía a los ciudadanos de haber ganado las
elecciones.

«Esperemos que no nos equivocamos», aseguró.


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