
Diferentes estudios llevados a cabo con varias especies animales, entre ellos ratones y monos rhesus, han demostrado que comer poco prolonga la vida y la hace más saludable.

«Los cambios en la piel y el pelo fueron bastante evidentes, y son interesantes porque eran visibles después de unos pocos meses, cuando los animales aún son jóvenes», explica la autora del estudio Alicia Kowaltowski, profesora del Instituto de Química de la Universidad de Sao Paulo. «Los cambios pueden estar relacionados con un aumento en las células madre de la piel, que ayudan a preservarla de los efectos del envejecimiento, lo cual también pudimos detectar».
Además del aumento de la vida útil, una dieta restringida en calorías ya se había asociado con una larga lista de beneficios para la salud, desde la reducción de la resistencia a la insulina al retraso de la aparición del cáncer o los trastornos cardiovasculares. Pero sus efectos sobre la piel habían sido poco estudiados. Para aprender más, el equipo construyó un sensor de temperatura a medida para la piel del ratón.
De esta forma, compararon a los ratones que podían comer todo lo que quisieran y en cualquier momento durante seis meses, lo que significó que acabaron teniendo sobrepeso, con animales a dieta que comían un 40% menos de calorías que sus compañeros indulgentes. Los ratones con restricción de calorías perdieron alrededor de la mitad de su masa corporal y mostraron un pelaje más uniforme, más grueso y más largo.
El grupo observó que, a nivel celular, uno de los efectos secundarios de la dieta fue una expansión de las células madre del folículo piloso, lo que condujo a un aumento en su crecimiento y sus tasas de retención. En comparación con los ratones con libre acceso a la comida, los que estaban sometidos a restricción calórica también tenían tres veces más vasos sanguíneos en su piel, para llevar más sangre caliente a la superficie, y sus células mostraron diferencias en el metabolismo de modo que los animales perdían menos calor.
Letárgicos si les quitaban el pelo
Los investigadores afeitaron parches del pelo de los ratones de ambos grupos para confirmar que el pelo adicional ayuda a los animales con restricciones calóricas a calentarse. De hecho, basándose en las mediciones de pérdida de calor, los pelajes más gruesos ayudaron a mantener el calor, y sin esa adaptación, los ratones que consumían menos calorías se mostraron más letárgicos, con signos de metabolismo interrumpido.
«Estos hallazgos son especialmente significativos ya que revelan no sólo un efecto notable de la restricción de calorías en la piel, sino también un mecanismo adaptativo para hacer frente a la reducción del aislamiento derivado de cambios en la piel en condiciones de reducción de la ingesta calórica», dice Kowaltowski. A su juicio, estos mecanismos puede ayudarnos a entender cómo mantener la piel sana durante el envejecimiento.










