El actual gobernador de Veracruz es una persona bien intencionada: Javier Duarte

Sep 23, 2019 | Uncategorized

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El ex mandatario veracruzano reconoce al actual gobernador
Cuitláhuac García desde sus orígenes; revela que su hermano fue médico de su
abuela.

Duarte emite a través del texto igualmente titulado un
“respetuoso aviso a tiempo, Señor Gobernador”, a García Jiménez a través del
texto en el que concluye destacando que “el verdadero camino para contener la
seguridad pública requiere de compromiso y valentía y, como lo constaté en mi
propio caso, se pagan altísimos costos por ello”.

A continuación el texto íntegro:

Respetuoso aviso a tiempo, Señor Gobernador

Laurence J. Peter fue el analista canadiense que formuló el
famoso principio de administración según el cual todas las personas llegamos a
un cierto nivel de avance personal en el que nos resulta imposible entender y
cumplir las responsabilidades que tenemos asignadas. Me parece que su mayor
genialidad es cuando afirma que “sólo una cosa es más dolorosa que aprender de
la experiencia, y esa cosa es no aprender de la experiencia”.

Estoy seguro de que prácticamente cualquier persona a la que
se le pregunte dirá convencida, y yo lo comparto, que el actual Gobernador de
Veracruz es una persona bien intencionada, realmente preocupado por ayudar a la
gente, particularmente a los pobres y a los desposeídos; proviene de una
familia de principios, con una tradición de lucha social y si algo caracteriza
a sus padres, es la congruencia y la coherencia entre lo que han dicho y la
manera en que han vivido a lo largo de los años. Debo confesar que curiosamente
al que conozco y sé de su extraordinaria calidad humana y profesionalismo es al
Dr. Xicoténcatl García Jiménez quien fue el Médico Neumólogo de mi abuela en su
última etapa de vida y con quien estaré eternamente agradecido por los cuidados
que tuvo con ella, en lo referente a su hermano el Gobernador he insistido en
que no lo conozco personalmente, sin embargo las referencias que tengo de él
son muy positivas, incluyendo comentarios de quienes fueron sus alumnos y le
reconocen su dedicación, su empatía y su disposición para apoyar a los
estudiantes.

Lo que es un hecho es que ahora a Cuitláhuac García Jiménez
le corresponde administrar las instituciones públicas de Veracruz en un momento
de profunda incertidumbre nacional e internacional, de severas restricciones
económicas y volatilidad financiera, de cambios drásticos en la manera de
ejecutar la política y la administración, de tensiones que no se habían visto
en Veracruz y de nuevas demandas sociales que presionan como nunca antes a las
instituciones públicas.

Para nadie son extraños, tampoco, los ataques sistemáticos y
mal escondidos que la actual administración viene sufriendo desde su primer
día, por parte de los integrantes del anterior gobierno estatal, cuya única
misión y característica fueron siempre y siguen siendo, la siembra de odio, el
terror, la brutal violencia institucional, la fabricación de delitos y el uso
del aparato judicial con fines represivos meramente políticos y, según afirmó
una legisladora federal del propio partido que gobierna en Veracruz, MORENA,
hasta los homicidios políticos selectivos para sembrar pánico entre los críticos
del tirano.

Todo ello genera una desgastante pugna que
desafortunadamente consume el tiempo, la atención y los escasos recursos del
actual Gobierno, que deberían dedicarse a mejores propósitos; esa agresión
contra la actual administración ha tenido su momento de mayor crisis en la
difícil pero necesaria destitución del lacayuno, parcial y fallido abogado de
la familia Yunes Márquez, a quien sin cumplir los requisitos de ley, los
integrantes de la “dinastía imperial” impusieron como Fiscal General del
Estado, no para procurar justicia sino para concretar sus fines de rencor y
venganza de agravios que sólo sufrieron en su enferma imaginación y, por
fortuna, para su frustrado sueño de perpetuarse en el poder público; ése
fiscal, justamente defenestrado, que bien sabe la que le espera por haber
consentido en la enorme cauda de aberraciones y delitos gravísimos que cometió
por instrucciones del jefe y sus cachorritos, violando la autonomía que estaba
obligado a proteger, causando daños irreparables a muchas personas y, sobre
todo, a las instituciones y a la propia justicia de Veracruz.

Ante esta realidad, no quiero ni debo permanecer en silencio
respecto de los hechos que percibo y que, desde mi punto de vista muy
respetuoso, requieren atención inmediata, sin que ello signifique jamás y bajo
ninguna circunstancia, ni una intromisión ni, mucho menos, una falta de respeto
a quien legítimamente gobierna Veracruz con el apoyo indiscutible de cientos de
miles de veracruzanos que le dieron su respaldo y que por ende tiene las
facultades legales para tomar las decisiones que crea más adecuadas y
prudentes.

El mío es el punto de vista de un mero ciudadano –hoy
injustamente privado de mi libertad y de mis derechos políticos, pero que más
temprano que tarde demostraré mi inocencia— pero que en su momento pasé por
circunstancias similares y me vi obligado a enfrentar problemas de similar
complejidad y envergadura. No faltarán los malquerientes y calumniadores
profesionales que dirán que pretendo decirle al Gobernador en funciones lo que
debe hacer, lo cual no sólo sería iluso e irrespetuoso, sino carente de sentido.
Por el contrario, sería más que penoso e incongruente que permaneciera yo en
silencio sólo para evitarme críticas y agravios de los mercenarios al servicio
del yunato, en lugar de señalar proactivamente, como es mi deber, la delicada
problemática que estoy observando en Veracruz. Tengo bien presente la ingeniosa
frase del Gobernador Patricio Chirinos (“El respeto al sexenio ajeno es la
paz”) pero es justamente por el respeto que le tengo al Gobernador García
Jiménez que decidí compartir mis puntos de vista.

Aunque en prisión mi acceso a los medios de comunicación es
limitado, advierto lo siguiente:

1) El actual Gobierno de Veracruz, emanado de MORENA,
decidió valientemente emprender una cruzada frontal contra del crimen y de la
delincuencia organizada y del orden común. Sin embargo, son muchos los actores
sociales que expresan frustración por su desconocimiento de esa estrategia.
Sería muy conveniente que de manera detallada las autoridades explicaran cómo
están enfrentando el enorme reto de la (in) seguridad, cuáles son sus
expectativas en el corto y mediano plazo y cuáles son las razones por las que
los índices delictivos están creciendo de manera tan desproporcionada.

2) Evidentemente, los grupos delincuenciales, así como los
aliados políticos y económicos de esas mafias, que se benefician con la
violencia brutal e indiscriminada no van a renunciar voluntariamente a sus
negocios, a sus privilegios ni a sus cotos de poder. Harán todo lo que esté en
sus manos no sólo para continuar sus prácticas ilícitas sino para evitar las
consecuencias legales de sus acciones delictivas. En pocas palabras, se trata
de enemigos letales que tienen gran poder de fuego, toda la determinación para
continuar delinquiendo hasta las últimas consecuencias y muchas, muchas complicidades
que están vinculadas a un enorme y complejo entramado de actores (desde
modestos halcones hasta grandes lavadores de dinero sucio, pasando por supuesto
por autoridades corruptas y/o timoratas).

Puedo ejemplificar lo anterior: por lo menos en tres
ocasiones documentadas mis hijos, Karime y yo, fuimos sentenciados a muerte por
todos los diferentes cárteles que se disputaban el dominio del territorio del
Estado, y si bien decidí no hacerlo del dominio público para no causar temor
entre la población, algunos de esos hechos trascendieron y fueron del dominio
público, como el ataque armado afuera de la escuela donde estudiaban mis
pequeños.

Otros incidentes pasaron desapercibidos, como cuando por
unos breves instantes de diferencia logramos desactivar a un comando que
planeaba derribar con una bazuca el helicóptero donde viajábamos varios
servidores públicos.

Gracias a los eficaces servicios de inteligencia de la
Marina-Armada de México, a la colaboración del Ejército Mexicano y, sobre todo,
al trabajo de los valientes policías veracruzanos es que aún puedo narrar estos
hechos. De hecho, fue necesario que durante la mayor parte de mi mandato un
grupo especial de la Marina se hiciera cargo de la seguridad de mi familia y de
la mía también. Algún día daré los detalles, pero lo que intento decir ahora es
que ese riesgo estuvo vigente los seis años de mi mandato y no sólo para mí
sino para toda mi gente cercana, porque siempre me negué a pactar con los
delincuentes y siempre los enfrentamos, sin excepciones, con la ley y con la
fuerza legítima del Estado.

No se trataba de hacerle al héroe y menos aún de andar
presumiendo tontamente todo lo que pasamos por actuar con firmeza, ni a cuántas
células delictivas desarticulamos, ni cuánta droga y armas se incautaron, ni
cuántas víctimas de secuestro recuperaron su vida y sus bienes, ni cuantos
terribles delincuentes acabaron en prisión, pero sin duda, muchos de los
problemas de mi Gobierno fueron consecuencia del combate a la delincuencia. Lo
fácil es “llegar a arreglos” y dejar que prevalezca y se arraigue para siempre
el reino de la impunidad y el mal, lo difícil es hacer que se cumpla la ley al
precio que sea. Lo que digo está documentado y llegará el momento de hacerlo
público.

3) En todos los aspectos de la vida pero más aún cuando se
es servidor público y se tiene bajo la propia responsabilidad el cuidar la
integridad y el patrimonio de los demás, la autocrítica es muy importante. El
gobernante y el gobierno deben reconocer que las mafias buscan destruir las instituciones,
que poseen los medios para corroer todo el sistema, incluyendo jueces, fiscales
y policías de todos los rangos, que tienen poderosos e influyentes aliados en
la política y que el delincuente siempre tiene una ventaja respecto del
servidor público, porque el policía está limitado por las leyes, no puede
excederse en el uso de la fuerza, por naturaleza no es un asesino e incluso, el
policía suele terminar frustrado después de enormes, peligrosos y extenuantes
esfuerzos para aprehender a un criminal que, por tecnicismos o francos actos de
corrupción, más temprano que tarde acaba en libertad.

4) Entender las razones por las que un determinado delito
crece en cierta región, disponer de información oportuna y saber procesarla, es
decir, usar adecuadamente la inteligencia policial, aceptar que el secreto del
éxito está no en aumentar los órganos represivos del Estado sino en disminuir
la cantidad de delitos, es LA premisa para afinar los objetivos y usar bien y
correctamente los escasos recursos que tiene el gobierno para enfrentar la
delincuencia. Hacer las cosas de otro modo es dar tiros de ciego, casi siempre
fallidos, costosos y frustrantes para la sociedad.

El verdadero camino para contener la seguridad pública
requiere de compromiso y valentía y, como lo constaté en mi propio caso, se
pagan altísimos costos por ello.


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